Saturday, November 13, 2010

capitulo 2 La Bandera de La Esperanza

Capítulo 2


Rafael Vargas acompañó a su madre y su hermana a la vivienda donde sus padres habían habitado durante décadas. La casa estaba abarrotada de muebles y fotos, la penumbra cubría las paredes, engendrando un color gris indefinido que se extendía hasta la desgastada alfombra, haciendo que se incrementara la soledad del ambiente. Un cuarto de la casa había sido transformado en  la oficina que su padre, Fernando, usaba  cuando se encontraba en casa. Allí se destacaba un pesado buró sin adorno, que rompía el contraste de  las paredes donde se destacaban decenas de pequeñas banderas que formaban una esfera sobre una pirámide.
Se sentó en un sofá, su cabeza descansó  sobre un almohadón. Sintió  un enorme  cansancio, cerró los ojos e inesperadas imágenes brotaron en su mente.Veía a su padre acostado,   atado e  iluminado  por una inmensa luna, hasta que se desvaneció.  En esos momentos no podía distinguir si estaba soñando o despierto.  Luego se levantó  y se dirigió hacia la caja de caudales que estaba incrustada en la pared, detrás del closet. Con sus manos temblorosas fue poniendo los números que su madre le había indicado. Movió la palanca, pero la puerta no se abrió; repitió la operación, pero esta vez cerró, marcó los números en otro orden. La puerta se abrió, dejando al descubierto el interior del arca en la que guardaba celosamente varios documentos. Un testamento, lo miró  con detenimiento,  luego vio   el sobre marcado con la palabra, Hope. Rompió el sello de lacre y se sentó en la cama  a leer.

Era una epístola cuidadosamente escrita.



Querido hijo:

Cuando leas esta carta ya no estaré con ustedes, todos tenemos un tiempo limitado en esta vida y debo comunicarte muchas cosas. Primero pedirles perdón por no haber pasado más tiempo con ustedes ,  también expresarles cuanto los  amo.  He aprendido lo importante de la familia, he  cometido muchos errores,  de los  que me arrepiento,  en fin nunca terminaría,  pero tengo la esperanza de que me perdones, pero  hay algunos aspectos de mi vida  que no puedo obviar, algo que debo comunicarte.
Lo primero es que tienes un hermano llamado Carlos Vargas  Hernández que vive aquí,  quiero que lo aceptes y que juntos viajen a Cuba.
El segundo aspecto   que debes saber, es que  dediqué mi vida a trabajar  para la CIA, formando parte  en  una organización secreta cuyo principal objetivo era la infiltración en otros grupos. No puedo pedirte que continúes mi trabajo, pero sí que averigües quienes son los responsables de mi desaparición. Puesto que si estás leyendo estas líneas es porque he fallecido.  Para empezar  debes conectarte con el último grupo que infiltre en Cuba.   Uno de los  miembros  te dirá todo lo que necesites saber, podrás  encontrarlo en La Habana los días que tienen un seis, en horas de  la mañana  frente al Focsa.  Sabrás  que es él, porque tiene una biblia, una cadena plateada en su mano izquierda , con un diminuto elefante y en la derecha  una manilla con la letra L. Cuando lo veas, sólo tienes  que acercarte y decirle la palabra  Hope. Ésta es la única manera de conseguir información sobre mi desaparición.
Y para terminar, en el testamento les dejo indicado la cantidad que les corresponde de mis bienes.  Espero que me  perdones si no fui nunca sincero contigo. Cada uno tiene una misión en la vida y esta ha sido la mía.
Con todo mi  cariño me despido de ustedes, con la esperanza de que ustedes y  Dios me perdonen. No olvides mis enseñanzas, no abandones nunca el amor y la verdad.
Confía de todo corazón en el señor y no en tu propia inteligencia.
Fernando Vargas

Rafael  se pasó la mano por el rostro, había leído la carta cuidadosamente, su corazón abrigaba varios sentimientos. En primer lugar sentía  curiosidad, incertidumbre y algo  que no sabía describir, la noticia de que tenía un hermano lo sorprendió, sin embargo  lo alegró, pues siempre había deseado tener uno, sin embargo,  la noticia de que su padre había pertenecido a la CIA, lo dejó  perplejo y confundido.  No lograba comprender qué  perseguía su padre perteneciendo a una organización con las características de la Agencia  Central de Inteligencia.


Sentía dos impulsos, uno que le indicaba que todo esto era una insensatez y otro que deseaba saber más del asunto y seguir adelante. Se dirigió a la habitación de su madre, la cual estaba casi en penumbras.
-     ¿Estás bien mamá?
-     Sí mijo, ¿Que hacías? ¿Dónde está tu hermana?
-     Tenía que salir para su casa. Yo me quede revisando los papeles de papá, encontré el testamento y otras cosas. ¿Puedo hacerte una pregunta?
-     ¿Qué quieres saber?
-     ¿Conocías todas sus actividades? ¿Sabes que tengo un hermano?
-     ¡Sí! sé a lo que te refieres. Hay cosas en la vida de tu padre que quise ignorar (bajando la mirada). Sé que siempre ha estado involucrado en actividades secretas. ¿Qué hago ahora, qué  tu padre no está? Preguntó en tono de desesperación.
-     Todavía no estamos seguros de que Papá está  muerto, pero  dejó unas cuentas de banco. ¿Tú conoces su testamento?
-     Sí, pero no necesito nada para mí.
-     Necesitas el dinero, además es la voluntad de mi padre. Es una forma de protegerte.
-     No te preocupes por mí.
Vargas no contestó, pero pensó que debía pasar más tiempo con su madre y en su interior decidió que se mudaría con ella, aunque nunca había sentido atracción por la casa y su decoración.
Volvió a su trabajo. Sus compañeros más allegados  lo trataron de forma amable, pero se sentía incómodo  e impedido de  concentrarse. Las palabras de su padre y la carta que había leído habían quedado en su mente.
El jefe de la redacción se dirigió al él.
-     Siento todo lo que ha pasado,   si necesitas puedes  tomarte unos días.
-     Si, realmente creo que los necesito,  te lo agradezco.
El jefe de redacción le puso su mano en el hombro y se marchó en silencio mientras él se sentaba en el buró. La pluma que tenía en la mano empezó a escribir la palabra Hope y luego Marfil. Trató de concentrarse pero no podía, sentía unos deseos intensos e inexplicables de abandonar el lugar donde se encontraba.

Se dirigió a la casa de sus padres. Tenía una llave, abrió la puerta y entro en el  despacho. Ahora, no le incomodaba ni la decoración, ni la penumbra, ni siquiera la alfombra. Se sentó en el buró de su padre y cerró los ojos. Puso sus manos sobre su rostro y empezó a planear su viaje.
Su madre entró en el despacho y lo encontró sentado.
-     ¿Qué haces aquí? Me pareció ver a tu padre cuando entré.
-     Tengo que viajar, voy a estar unos días lejos-dijo Vargas  tomando las manos de su madre entre las suyas.
-     ¿A dónde vas ? ¿Por qué vas de viaje si apenas hace unos días que tu padre murió?
-     Voy por eso mismo. Mi padre se infiltro en una organización y me pidió que hiciera este viaje.  Tengo que averiguar  quiénes son los responsables de su desaparición.

Vargas volvió a su trabajo, le explicó a su superior que necesitaba ausentarse unos días, luego citó a un detective llamado Oscar Martínez que ubicó  el paradero de su hermano.
En cuanto recibió la dirección de su hermano, se dirigió al lugar y  tocó la puerta. Un hombre joven con una rara chaqueta salió. Su pelo era negro y con una sonrisa amplia, de complexión atlética y estatura similar a la de Rafael, buscó  algún rasgo en su fisionomía que relatara su parentesco, pero no lo encontró.  Carlos le preguntó que deseaba.
-     Mi nombre es Rafael Vargas. Me gustaría conversar algunas cosas con usted.
-     Dígame, indique, señale, explíquese.
-     Estoy buscando a Carlos  Vargas.
-     Soy yo, ¿Qué puedo hacer por usted? ¿En que le puedo servir?
-     Hay algo impórtante que debes saber. Mi padre me dejó una carta donde me explica que tengo un hermano y creo que es usted. Un detective que contraté  me dijo que usted vivía aquí y que era la persona señalada.
-     ¿Tú qué? ¿Cómo, tú hermano? No entiendo nada.

Vargas le relató  los eventos relacionados con  su padre y todo lo del documento, así como  la revelación de que tenía un hermano. El joven perdió parte de su habitual sonrisa y se interesó  seriamente por el asunto.
-     Vamos a la casa y te enseñaré el documento en el que mi padre te menciona.
Vargas le anotó la dirección.
-     Sígueme en tu carro.
-     Bueno, “Pues veremos que sale de todo esto”.
Vargas manejó cuidadosamente, asegurándose por el espejo retrovisor que lo seguía. Carlos conducía tratando de mantenerse cerca.
Llegaron a la casa de  los padres de Vargas, después de sortear el transito.  Elena  abrió la puerta.
-     Mamá, este es mi hermano.
Pilar  examinó al recién llegado con su dulce mirada.
-     Mucho gusto ¿Cómo se llama tu madre?
-     Rosa . Mi mamá murió hace tiempo.
-     Entra, esta es tu casa. Dijo la madre de Vargas.
-     Vamos al despacho de nuestro padre.

Entraron al despacho, y Vargas sacó el documento de la caja fuerte y le entregó la epístola, Carlos  continuo  leyendo en silencio. Se pasó la mano por la cabeza y exclamó:
-     ¡Oye esto esta duro!
-     ¿Que quieres decir?
-     Lo que te dije, que está duro, eso de la organización secreta  y todo esto.
-     ¿Qué te parece?
-     Na’, no me gusta eso. 
-     ¿Que quieres decir?
-     Si ,eso, que voy a aceptar ir a Cuba contigo. ¿Que me dejó  en el testamento?
-     Ya veo que te esta’ interesando todo lo relacionado con nuestro padre-dijo Vargas sonriendo.
A pesar del dolor, Carlos  había logrado provocar una sonrisa en el rostro de Rafael.
-     Si es verdad, yo mismo me quedé igual de sorprendido , cuando leí la carta.
-     Déjame  leerla  otra  vez.
Zumbaba como las abejas mientras leía. Leyó otra vez el documento, mientras su hermano lo observaba.
-     ¿Que es lo que más te ha sorprendido? -pregunto Vargas con curiosidad.
-     No entiendo  casi nada.
-     Bueno la verdad es que yo nunca  imaginé algo así.
-     ¿Qué?
-     ¿Qué de que?
-     ¿De qué  estábamos hablando?
-     Estas muy estresado- dijo Rafael Vargas, que miraba con detenimiento a su hermano que se movía inquieto.
-     Si, la verdad necesito refrescar.
-     ¿Irías conmigo a Cuba para averiguar sobre la organización?
-     Si, claro que voy. Respondió, haciendo una mueca con su boca.
-     ¿No te da miedo? ¿No te parece una demencia?
-     Yo creo que vamos a encontrar muchas cosas interesantes en Cuba.
-     Voy a hacer todas las gestiones para el viaje a la Isla y te aviso. Me hacen falta todos tus documentos y la información que me pidan.
Se despidieron con un fuerte abrazo. Vargas se sentó a meditar.

Unos días después Vargas entregó en una agencia todos los documentos solicitados. A partir de ese momento, empezó una búsqueda de todo lo relacionado con Cuba.
Cuando llegaba a su casa trataba de localizar sitios en la Internet relacionados con la Isla, allí leía noticias ampliando y actualizando sus  conocimientos. Vargas decidió escribir lo que había recordado en el hospital referente a su niñez , lo envió a algunos coterráneos que radicaban en diferentes partes del mundo.

El artículo viajó hasta lugares insospechados. Muchos le contestaron narrándole sus memorias, otros escribieron, enriqueciendo el mensaje y contándole sus experiencias. Entre las personas con las que  empezó a escribirse de forma regular, se destacaba  una joven cubana llamada  Susel. 

Cuando Rafael  Vargas recibió la notificación de la agencia de recoger el pasaporte con la visa, llamó a Carlos, le explico que todo estaba listo. Quedaron en verse unos días antes de marchar, Vargas también llamó a la Habana y conversó con Susel que estuvo de acuerdo en esperarlo en el aeropuerto.

Al fin preciso el día del viaje, Vargas notificó a su superior que estaría unos días fuera del país y fue a despedirse de su madre, no tenía idea de cómo cambiaría su vida a partir de ese momento.

Llamó a su hermano y le dijo:
-     Ya tengo los pasajes.
-     No puede ser.
-     ¿Cómo que no puede ser?
-     Chico es una expresión de sorpresa. ¿Cuándo nos vamos? ¿Dónde nos vemos?
-     Nos vemos el próximo lunes a las once de la mañana en el aeropuerto, allí te doy todo: el pasaje y tus documentos.

Thursday, November 11, 2010

capitulo 1 ( la bandera de la Esperanza


                                             Capítulo 1
                   
  
Los  oficiales de la aduana inspeccionaron detenidamente la embarcación de más de doscientos pies, cargada de contenedores que  acababa de atracar,  en el puerto  de Miami.  Uno de ellos  observó   con detenimiento las figuras de cerámica que venían en el carguero, sacudió contra el muelle  uno de los objetos, al descubierto quedó  un cilindro plástico que contenía un polvo blanco. En segundos, decenas de agentes tomaron la embarcación y decomisaron el cargamento.

 La redacción del periódico, adquirió  la información y Joseph Mirado, el jefe del departamento , conformó dos equipos para redactar los artículos sobre lo ocurrido. Observó   un instante a Rafael  Vargas y  pensó que era la persona idónea para  dirigir uno de los grupos. Vargas,  sería un  buen  líder dentro del difícil grupo. Era un hombre joven, pero suficientemente maduro para dirigir, además poseía  una  inteligencia y audacia envidiable.  Mirado  estaba a punto de tomar la decisión, cuando la operadora le comunicó que la madre  de Rafael estaba en muy malas condiciones y lo estaban llamando de urgencia desde su casa.

Segundos más tarde,  se escuchó por los altoparlantes “Señor Rafael  Vargas, tiene una llamada por la línea uno”. Vargas oprimió el  comunicador y escuchó la inconfundible  voz de su hermana:

-     Mi hermano  no me gusta molestarte, pero hay problemas. Ven en cuanto puedas. Mamá  está muy enferma, además hay otras graves  complicaciones. Papá está  desaparecido.
-     Salgo para allá.

Sin pensarlo ni un momento, partió con la   rapidez del viento hacia   la casa de sus padres. Al arribar, encontró a  su madre  recostada sobre dos cojines, su respiración era penosa, a pesar de que Dora Ileana, su hermana ,  le había suministrado oxígeno de un pequeño tanque que se encontraba al costado de la cama.

Vargas la miró. Su cara se veía demacrada, su piel tenía un color que él no  recordaba,  sus  ojos color miel estaban cerrados.
-     ¿Qué sucedió, mamá?
-     No sé, me puse mal, avisaron que tu padre está perdido y que no aparece. No se sabe nada de él. Parece que cayó al mar. Me subió la presión, me duele  el pecho.

Vargas preguntó a su hermana  si había llamado a una ambulancia, ella le respondió negándolo con la cabeza. El nervioso, llamó al 911 y explicó lo que sucedía. Unos minutos después arribaron  los paramédicos, le tomaron la presión, la temperatura y determinaron    trasladarla al hospital.

Montaron con dificultad  a la madre  en la camilla y la subieron a la ambulancia,  Dora Ileana,  la acompañó  en el viaje.  Vargas buscó su carro, trató de alcanzar al  vehículo, pero éste se abrió paso zigzagueando como serpiente, con sus luces y sirenas entre los coches, dejándolo  atrás, a pesar de sus esfuerzos por seguirlos.  Cuando llegó al hospital, buscó  donde colocar su vehículo, pero fue difícil localizar un estacionamiento cercano a la puerta de emergencia. Al  Observar  el inmenso hospital, las anécdotas  de sus padres vinieron a su mente.  Su  padre, de origen cubano a menudo hacia referencias a la Habana y mencionaba que los hospitales en Estados Unidos eran como hoteles. Cuando  arribó, pidió información sobre su madre e intentó entrar, pero le dijeron  que debía esperar porque sólo podía entrar una persona; Se sentó en la sala de espera al lado de una persona que estaba con un pequeño radio y que escuchaba  la  voz de Feliciano    susurrando:
Pueblo mío,
Que
estás en la colina,
Tendido como un viejo que se muere,
La pena y el abandono,
Son tu triste compañía,
Pueblo mío,
Te dejo sin alegría.
Que será que será…
 Los recuerdos de su niñez fueron invadiendo su imaginación, habían vivido en  Camagüey, una ciudad al centro de la Isla de Cuba y todos los veranos visitaban un pequeño pueblo  a orillas del mar, donde  su  padre, en compañía de  sus  tíos, había construido una  diminuta vivienda de madera que ocupaban cuando terminaban las clases en  Julio y Agosto. Todos en el caserío se  conocían, e iban, esperando con ansias la llegada de los colindantes, que más que amigos se convertían en familia.

Fue una época donde escaseaban las comodidades, no había  acueducto, ni aire acondicionado en las casas, pero eso no era imprescindible. Cuando llovía, se sentía el  olor de la tierra húmeda,  que perfumaba el ambiente y el sonido producía una mágica música  al caer sobre los tejados, como una monótona melodía que invitaba a acostarse, taparse con una fina sábana, sentir como refrescaba y  esperar a que pasara la lluvia. Luego esa  agua  llenaría los tanques a través de las canales y seria el agua que se utilizaría para los quehaceres  diarios, más tarde, se  abrían las ventanas y disfrutaban  de la brisa del mar. Ahora comprendía que esos  momentos, le  enseñaron no solo la importancia de la lluvia, sino también a dar gracias a Dios.
  
Vargas continuó recordando que mientras su madre se ocupaba de poner en orden la  casa, su padre iba a pescar. Las destrezas de  sus  antecesores eran muchas, una de ellas era en el arte de la  captura, siempre sabía cuál era el preciso lugar, el anzuelo adecuado, la carnada correcta, cuando usar una plomada, cuanto se debía esperar o cuando convenía recoger  el naylon. Esta otra infinidad de conocimientos que lo convertían en un maestro. Por otro lado su madre organizaba y convertía la diminuta  morada en un precioso lugar.
       
En esta bahía,  el agua  no tenía los hermosos colores, ni la transparencia  de otros mares de Cuba, pero sí otros encantos, allí se extendían inacabables  manglares que  servían de  refugio a  peces, cangrejos, roncos, jaibas y otros cientos de especies marinas .  El cielo siempre estaba  lleno de gaviotas,  que danzaban en el aire,  emitiendo sus sonidos guturales alrededor de los pescadores de sardinas, mientras ellos tiraban la tarraya.  
Su padre le había enseñado a amar la naturaleza, su madre a amar la ciencia y el estudio,  la vida le había enseñado,  que cada minuto, era un regalo universal.  De pronto, la voz de su  hermana  lo  trajo a la realidad.
-     Ven. Entra,  mamá  quiere verte.

La señora  tomó sus  manos entre las suyas, estaban frías, su semblante estaba pálido y sus ojos lejanos.
-     Hijo.
-     No hables mamá .  Dijo Vargas, pero Pilar continúo.
-     Nunca te he pedido nada, continuó  diciendo Pilar.
-     Por favor no hables, descansa. Repitió Vargas, tratando de hacerla  callar para evitar que se agotara.
-     Rafa, te voy a pedir algo, quiero  que busques en la caja fuerte de tu padre, el  me dijo que si desaparecía o le pasaba algo, que te diera estas instrucciones: Tienes  que abrirla y buscar un sobre  que dice Hope  y lee  los documentos,  son los manuscritos de tu padre, después de leerlos , destrúyelos. La madre continuó hablando muy bajito y  susurró  un número  que Rafael trató  de recordar. 
-     ¿Porque me pides eso?
-     Porque me siento mal y tengo que cumplir los deseos de   tu padre.
Varios médicos entraron. Es mejor que se retire y la deje descansar.
Salieron un rato y su hermana le comentó.
 -¿Ya sabes lo de papá?.  
- Solo lo que me dijo mamá .
- Encontraron su bote  sin nadie,  sin ninguna huella, ni siquiera indicios de violencia,  no estaba en el. Yo creo que se cayó del bote, la policía también lo cree, me preocupa  el tiempo que ha pasado, pienso que  probablemente  esté muerto.
-No sabía nada… No se qué pensar… Me cuesta trabajo entenderlo.
- La policía estuvo en la casa, allí fue cuando mamá    se puso mal, yo te llame, pero no contestaste el teléfono. ¿Qué crees que debemos hacer?
En cuanto   mamá  se mejore iré a la casa y me  mantengo en comunicación contigo.
Pasaron la noche en el hospital , al amanecer le dijeron que no había peligro y  que podían retirarse al medio día.


Monday, November 1, 2010

La Bandera de la Esperanza






   Introducción:
      Hace varios años empecé a escribir este libro basado en testimonios reales.  Mi objetivo inicial era en esos momentos,  retratar la situación de nuestra sufrida  Cuba, sin embargo la narración misma me fue llevando por senderos incompresibles y el  relato fue evolucionando hasta convertirse en algo más que eso.   El libro describe la estrategia en la lucha contra el comunismo y además de ser  un libro lleno de amor y  esperanza, sin perder el humor cubano.   Unos  días después   de terminarlo,  sucedieron  una serie de eventos místicos, demasiados,  para ser contados en este libro,   Este libro traerá lo que más necesitas en tu vida; La fe y La esperanza.   Sabrás que los que aman a Dios  somos más que vencedores.  Dedico  mi narración al  Todopoderoso, a mi  madre y  a  mi  familia material y  spiritual  así como a todos  los que traen en su corazón la bondad y la esperanza.